¡FELIZ ESTADO POLICIAL!

Fotos del Año Upi - Chile 2011

https://www.youtube.com/watch?v=9xNkYj-hED8

Hubo una época, allá por el siglo XXI, en la que la gente creía, con una fe ciega, que la policía estaba para proteger a la gente. Los hechos fueron demostrando, fríamente, que sólo eran el ejército interno del estado y del dinero para reprimir cualquier tipo de disidencia.

Escenas como las del vídeo adjunto, producidas en la calle el pasado viernes 20 de diciembre, muestran a las claras que estos paramilitares pagados, entrenados, subvencionados y condecorados por el estado no parecen tener mucha cabida en una sociedad abierta, plural y libre. Alineados con un sector ideológico duro y oligárquico, su función es golpear, reducir por la violencia, secuestrar y presionar a personas. El estado ejerce una evidente extorsión a este respecto, al obligar a sus ciudadanxs a que paguen de sus impuestos y de su bolsillo la organización, composición y mantenimiento de este tipo de cuerpos y sus actuaciones y formas de obrar.

El desprestigio de la policía es cada vez más evidente, cada vez más creciente, y cada vez más merecido entre de la población. Ese parece ser el único aspecto positivo de esta lacra que golpea a las sociedades modernas, pues es el comienzo de un posible y frontal rechazo. Síntoma de ese creciente desprestigio son también las obscenas campañas propagandísticas que los cuerpos de seguridad se ven en la obligación de hacer en las escuelas infantiles, en las que muestran sin remilgos sus armas y pregonan las bondades de la violencia represiva ante un auditorio de niñxs pequreñxs.

La policía, en los últimos años, ha irrumpido con la violencia de sus armas y sus porras en colegios infatiles y universidades, en asambleas y centros sociales, en hospitales y canales de televisión, en calles, plazas y avenidas, en centros sindicales y en innumerables domicilios privados con el fin de propagar su terror y su represión ideológica. Se trata de un problema gravísimo dentro de la sociedad española, ante la que todxs parecen echar la vista hacia otro lado y ningunearlo de manera bastante miserable con un silencio cómplice. No es un problema de políticxs, la policía estaba allí ya antes que los tecnócratas que nos subyugan. La misma policía se ha encargado siempre de hacer llegar a la sociedad que desea mano dura siempre que políticxs menos extremistas han querido dulcificar sus actuaciones: es en la mano dura y en la violencia extrema donde se siente cómodos, donde se muestra su verdadera esencia. Se trata, por tanto, de un problema de convivencia pacífica y de salud pública, que la policía hace imposible, pese a que, utilizando la famosa neolengua, se erija en adalid de la misma. Lo cierto es que las actuaciones de la policía siempre se dirigen hacia los más vulnerables, los más indefensos. En este asunto, la policía no es la solución, sino el núcleo mismo del problema.

Walter Benjamin, en su escrito sobre la crítica de la violencia, en los años treinta del siglo pasado[1], ya dejó claro que la policía interviene siempre en situaciones donde no existe una clara situación de derecho, siempre en nombre de la seguridad. En el vídeo adjunto se observa que la actuación policial sólo produce violencia, disturbio y agitación allí donde no la había. Es más: además de las brutales agresiones físicas y psíquicas a lxs viandantes produce un claro perjuicio a los comerciantes del mercadillo allí establecido, comerciantes cuya queja, si se produjera, no iba nunca a ser estimada. La actuación policial destruye a diario el derecho en nombre de la seguridad, con el consentimiento diario del aparato del estado. Porque la policía es eso: el Estado en estado puro.

Benjamin, en ese mismo texto, ya previó que la presencia de la policía, en las democracias (…),  testimonia la máxima degeneración posible de la violencia, frente a formas absolutistas donde el poder concentrado no la hace tan necesaria ni está tan radicalizada. Se trata de una violencia sistematizada, tecnologizada, aséptica, económicamente programada, fría como una maquinaria. ¿Es justo que exista un monstruo así dentro de sociedades que se autodenominan civilizadas? Y sobre todo si son ya algo ajeno a la gente, un mero instrumento de exterminio ideológico y social en manos de unxs pocxs.

La policía se ha convertido, en nuestro país, no sólo en un problema para la llamada “convivencia democrática”, sino en un problema de orden público, en el sentido más profundo, auténtico y etimológico de la palabra público – lo que es de todxs –. Parece que va siendo hora de tomar conciencia real de ello, y empezar a actuar en consecuencia.


[1] Puede verse aquí una copia de dicho texto: http://www.jacquesderrida.com.ar/restos/critica_violencia.pdf

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