25S: DESALOJO EXPRÉS DE MANIFESTANTES POR VÍA PARAMILITAR

El estado español – o lo que va quedando de él – se está consolidando, desde la llegada del PP al gobierno y en sólo nueve meses, a la cabeza de los países con mayor número de detenciones políticas del mundo. En ninguna otra democracia o dictadura se llega a un índice tan alto en este apartado, quizá con la excepción de Estados Unidos, cuyo ritmo de detenciones políticas durante el movimiento Occupy alcanzó dimensiones exorbitantes.

El saldo de los días 25 y 26 de septiembre es devastador: 56 detenidxs y más de 70 heridxs: 19 detenidxs en la huelga general de Euskadi y Navarra, 35 detenidxs el día 25 en las cargas ante el Parlamento y 3 el día 26 en las concentraciones exigiendo la libertad de lxs detenidxs. Hay que añadir la rabiosa violencia con que esas detenciones se producen, y el despliegue paramilitar que las ha acompañado: cerca de 1.300 agentes en todo el dispositivo. Si hemos de dar crédito a las siempre falaces declaraciones de la Delegación de Gobierno, el día 25 se concentraron 2.500 personas. Es decir, un policía para cada dos manifestantes[1]. ¿Cómo es posible entonces que se produjeran disturbios? La respuesta es evidente.

Al ministro del interior le entró sobre las 21 horas la prisa por desalojar a toda costa. Para él, como responsable político, era desolador un escenario en el que lxs diputadxs salieran del Congreso ante una masa de gente protestando. Se acercaba el momento de acabar la sesión parlamentaria, y se dio la orden de disolver. Cualquiera que asistiese a la concentración pudo ver cómo el dispositivo de furgonetas policiales estaba ya preparado para evacuar a la masa hacia Atocha. Y cualquiera que vea las imágenes de los vídeos de abajo puede constatar que el trabajo de lxs secretas infiltradxs se puso en funcionamiento, en forma de grupos de encapuchados con banderas de colectivos que nadie es capaz de identificar como suyos, grupos que comenzaron la farsa de enfrentamiento previa a una carga de disolución pura y dura. Esta carga – o mejor dicho, sucesión de cargas – fue de una violencia inusitada, como muestran las imágenes: cerca del museo del Prado los antidisturbios bajaban la calle Felipe IV disparando a discreción, y una masa ingente fue obligada a base de palos y disparos de pelotas de goma a moverse en dirección a Atocha. Una vez allí, lxs antidisturbios penetraron disparando dentro de los andenes de la estación de Renfe, en esos momentos poblada de viajerxs ajenos a todo. Nadie es capaz de explicarse aún por qué se llevó el ataque a lxs manifestantes hasta un kilómetro o más allá del Parlamento. Es de imaginar que la policía quería aprovechar la ocasión para realizar detenciones estratégicas.

Resulta también un enigma por qué se ordenó cargar justo cuando las cámaras de Televisión Española conectaban con el lugar. No sabemos si detrás de ello se esconde la sádica voluntad ejemplarizante del ministro del interior o su soberana estulticia. Lo cierto es que la violencia extrema sobre lxs disidentes políticxs fue transmitida y retransmitida al mundo entero, provocando en los dos días siguientes una subida de hasta 45 puntos de la prima de riesgo (de 416 a 461). Que cada uno saque sus conclusiones de la gestión política y policial de este hecho.

Poco después de tan tristes actuaciones, se pone en funcionamiento la máquina de manipulación político-mediática. El discurso es siempre el mismo, de modo que apenas merece la pena repetirlo: “antisistemas” reventadorxs, miles de millones de kilos de piedras recogidos (suficientes para levantar pirámides en la Castellana), “violencia de lxs manifestantes”, “comportamiento impecable de la policía”, etc., etc., etc. Como simple argumento desmontador de mentiras, valga esta foto aparecida en EL Mundo de las “peligrosísimas” armas incautadas por la policía ese día, que incluyen un pony de peluche, una litrona, un teléfono móvil, una funda de gafas y un freesbee.  Cuando no hay constancia alguna de armas de ningún tipo, se recurre a esto, o a las “piedras”. Hay que recordar que muchos autobuses que venían fuera de Madrid fueron detenidos e inspeccionados escrupulosamente por la policía, en algunos casos con perros.

Lo triste de toda esta farsa, que busca amedrentar y reducir a la disidencia política, es que cerca de 38 personas se enfrentan a unos abusivos cargos de “atentado contra la nación” (sic), en el peor de los casos, y de desobediencia y atentado a la autoridad en el “mejor” de ellos, y que hay numerosxs agredidxs, algunx de bastante gravedad. Creemos que, por el bien y la dignidad de todas y cada una de las personas que formamos la comunidad de este país, todxs lxs detenidxs deben ser puestos en libertad sin cargos de inmediato.

Victor de l’Aveyron, de la Asamblea Antirepresiva en Madrid


[1] Lo más probable – y pueden verse fotos abajo – es que hubiera unas 30.000 personas.

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